La industria del agua se declara tecnológicamente preparada para enfrentar el cambio climático. La pregunta es: ¿quién lo paga?
España es un don del agua. Viajes de agua, acequias, redes de regadío, a lo largo de dos milenios cada una de las culturas que han pasado por la Península (y las islas) han traído consigo nuevas formas de sacar partido al elemento vital. Una evolución necesaria en un país donde, a pesar de que el suministro está garantizado para la totalidad de la población, una buena parte del territorio (en especial, las cuencas mediterráneas y las zonas insulares) se encuentra bajo un importante estrés hídrico, en la que regularmente ha de tirar de recursos no renovables para garantizar el suministro, especialmente de la agricultura.
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